En este tercer día de nuestro devocional, somos guiados a una adoración que nace de la gratitud y se sostiene en la verdad de Dios. Iniciamos escuchando el llamado de las Escrituras a reconocer Su cercanía y Sus maravillas, y respondemos con una oración histórica que nos recuerda nuestra dependencia diaria del Señor y Su provisión constante.
Meditamos en la Ley de Dios a través de las bienaventuranzas, donde Cristo redefine la verdadera bendición y nos invita a una vida moldeada por la humildad, la justicia, la misericordia y la pureza de corazón. Confesamos nuestros pecados con las palabras de Ambrosio, pidiendo un corazón renovado que ame y siga a Dios con sinceridad.
Recibimos la seguridad del perdón en la proclamación gloriosa de Juan 3:16, y afirmamos nuestra fe mediante el Credo de Atanasio, recordando la majestad y unidad del Dios trino. Elevamos nuestra alabanza con el Gloria Patri y pedimos iluminación para que la Palabra pase del oído al corazón y del corazón a la vida.
Leemos Juan 3 y presentamos nuestras intercesiones, confiando en la mano poderosa del Señor que nos sostiene, instruye y consuela. Finalmente, concluimos orando juntos las palabras que Jesús nos enseñó.
Un día más para ser formados por la Palabra, consolados por la gracia y guiados hacia una adoración más profunda y verdadera